niño y perro

Los beneficios de la convivencia entre niños y mascotas son más que evidentes

Favorece su desarrollo cognitivo, socioemocional y físico. Su sistema inmunológico se hace más fuerte. Los niños crecen más seguros de sí mismos, con menos estrés, realizan más ejercicio físico. Aprenden a ofrecer ayuda y protección, reforzando además el sentido de la responsabilidad.

Les ayuda además a desarrollar la experiencia táctil, capacidad de intuición y les reporta estabilidad emocional.

Estos son sólo algunos de los beneficios que un niño puede obtener cuando un perro forma parte de su familia y de su entorno.

Pero también es importante saber y conocer, que esta convivencia también puede traer consigo fatales desenlaces, como por ejemplo, una mordedura.

Por desgracia, los accidentes domésticos entre niños y sus mascotas son más comunes de lo que nos gustaría. Y esto en la mayoría de los casos, se resume a que el adulto no sabe reconocer situaciones de riesgo.

Es importante, para una buena y tranquila convivencia, tanto si hay niños como si no, que conozcamos entre otras cosas su código de comunicación ya que es muy diferente al nuestro. Así como las señales de estrés. Y además porque tendemos a humanizar sus conductas.

Un ejemplo, vemos a un niño abrazar a un perro y este realiza varias señales de estrés (imperceptibles si no conocemos su lenguaje) tales como girar la cabeza para un lado, relamerse el hocico, quedarse inmóvil… por nombrar algunas… todas estas señales indican que el animal empieza a sentirse incómodo y es su manera de avisarnos y pedirnos espacio. Si no respetamos estas señales, nuestro perro pensará que esa manera de comunicarse no es válida o suficiente, por lo que optará por realizar señales de más alto nivel de agresividad. Pudiendo enseñar los dientes o gruñir, incluso si está muy estresado podría llegar a morder.

Hay que prestar atención a estas señales, ya que un perro siempre expresa su incomodidad. Por lo tanto siempre tenemos posibilidades de evitar un accidente.

Observar, estudiar y sobre todo respetar su código de comunicación hará nuestra convivencia mucho más segura para todos. Por lo tanto, los adultos somos los responsables de enseñar a los niños a respetar a sus mascotas de esta manera para que ellos también puedan reconocer esas situaciones de riesgo.

De todos modos lo recomendable es nunca dejar sin supervisión a los más pequeños de la casa junto a los animales, ya que, por mucho que les enseñemos, nunca tendrán la percepción y los reflejos de una persona adulta.

También cae bajo nuestra responsabilidad enseñar a un niño tanto a jugar con el perro como a comportarse de manera serena. En la mayoría de los casos solo enseñamos a los niños a jugar, corretear y comportarse de una manera nerviosa delante de ellos, por lo que el perro en esos casos, asocia a los niños con nerviosismo. Una asociación que extrapola a otros niños que no sean de la familia y trae consigo situaciones de riesgo también fuera del hogar.

Un perro es un compañero de juegos ideal para un niño, de eso no hay duda.

Pero un perro no solo debe representar juego para los niños, si no también momentos en los que estar tranquilos y en calma.

Los adultos debemos enseñar a los niños a respetar la comida, el espacio, los juguetes… de su mascota. Son sus recursos al fin y al cabo.

Nunca debemos molestar a un perro que descansa, ni a un perro que está comiendo, por ejemplo, son algunas de las enseñanzas de respeto que podemos transmitir a nuestros niños, no solo para evitar accidentes, si no también para que la convivencia y el vínculo sean óptimos.

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Habrán sido muchas las veces que hemos regañado a nuestro perro por algo que a nosotros nos ha molestado y seguramente él no haya sabido el por qué.

Regañarles de la manera en que lo haríamos si fuese una persona, tratándolo como tal, es uno de los errores más comunes que cometemos en el trato con nuestras mascotas.

Regañar a nuestro perro cuando viene a nosotros después de haberse escapado o haberse alejado demasiado mientras le llamábamos, regañarle al volver a casa por encontrar algo roto o desordenado, son ejemplos de castigos que nuestro perro jamás va a comprender por no ser el momento oportuno para ejercerlos o por no hacerlo de la manera correcta para que él los comprenda.

Ante estas situaciones, en las que nuestro perro nos ve enfadados con él pero no llega a comprender el por qué, desarrolla una actitud pasiva para evitar más problemas y situaciones desagradables, pues entiende que no puede hacer otra cosa para solucionarlo. Esta actitud recibe el nombre de indefensión aprendida, también llamado neurosis experimental.

Piensa en alguna vez que hayas regañado a tu perro y éste se haya quedado mirándote con las orejas gachas y mirada de pena, o incluso haya llegado a hacerse pis encima mientras le regañabas. Cuando eso ocurre acostumbramos a pensar que están arrepentidos porque entienden a la perfección lo que les estamos reprochando, pero en realidad sucede todo lo contrario. Y ante la incomprensión de la situación y la incapacidad de saber cómo solucionarlo se bloquean y su mente solo intenta evitar la situación.

Para que se produzca esta indefensión aprendida, no son necesarias situaciones extremadamente desagradables o duras, simplemente situaciones que el perro no sepa interpretar y se repitan a diario.

Podríamos pensar que esta situación no es problemática o incluso que es beneficiosa. Pero lo único que hace es que la mente de nuestro perro se bloquee pudiendo llegar a provocar que en situaciones futuras no sepa cómo reaccionar o no confíe en nosotros completamente por dudar de cuál va a ser nuestra reacción. Sin olvidar, que no dejará de hacer aquello que no nos gusta y por lo que le regañamos sin previo aprendizaje.

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El juego de tirar la pelota o un palo, sin duda es divertido, pero debemos estar atentos y diferenciar si nuestro perro está obsesionado.
Aquí algunas preguntas para identificar esta peligrosa adicción…
¿Te pide la pelota ladrando?
¿No juega ni interactua con otros perros si hay una pelota cerca?
¿Te pide que se la lances continuamente?
¿No sabe desconectar del juego?
Si tus respuesta han sido “sí”, te invitamos a que investigues sobre otros tipos de juegos para tu perro, que le proporcionen menos excitación y más estabilidad.

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Lo primero a tener en cuenta es que NUNCA debemos utilizar el bozal a modo de castigo o de remedio para los ladridos o para evitar que tu perro coja todo lo que se encuentre. Para estos casos, la solución es la educación y no esconder el problema bajo el uso del bozal, ya que además agravaríamos la situación

1- Dejarle olfatear el bozal, y crear un ambiente positivo alrededor suyo, con comida apetitosa y mucha tranquilidad, para crear la asociación positiva


2- Incitaremos a que meta el hocico dentro, ayudándonos de recompensas. Asociar una palabra puede ayudar al proceso


3- Una vez superada esta parte, podemos atar el bozal en algunas de las repeticiones y premiar seguidamente. Para evitar que se lo intente quitar, nos ayudaremos de juegos y distracciones durante el paseo

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-1º APRENDE A INTERPRETAR SU LENGUAJE
Es vital para una buena comunicación y entendimiento
-2º cubre sus NECESIDADES REALES
Necesidades básicas: alimento, juego, descanso, salud…
-3º respeta su ESPACIO
Necesita disfrutar de una zona de descanso y seguridad que no sea invadida
-4º descubre sus INQUIETUDES
Correr, excavar en la tierra, nadar, olfatear…
-5º JUGAR JUNTOS
No sólo existen las pelotas, hay cientos de juegos estimulantes y entretenidos, ¡se creativo!
-6º ESTIMULACIÓN MENTAL
Es lo que realmente le dejará cansado y le reportará estabilidad, los juegos de olfato son una buena opción
-7º PASEOS
Sin tensión, interactuando ( deja el móvil en casa, es tiempo para ti y tu perro) y con tiempo para socializar
-8º ENTRENAMIENTO
Ordenes básicas y algún truco divertido son buenas opciones

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¿Tienes un perro “agresivo”?

¿Tienes un perro “miedoso”?

¿Te has dado cuenta de que existen ciertos lugares o situaciones en las que tu perro se comporta de manera especialmente agresiva o miedosa?

¿Conoces la causa real del aumento de la conducta agresiva o miedosa de tu perro ante ciertas situaciones?

La causa se denomina ASOCIACIÓN y seguramente sea uno de los motivos principales de casi todas las “alteraciones de conducta canina” que presenta tu perro cuando interactúa con el entorno

¿Asociación?

Así es la interpretación que tu perro tiene del entorno o ante ciertos estímulos es simplemente el resultado de su capacidad asimilativa

¿Mi perro se enfada porque cree que algo es malo?

¿Mi perro se asusta porque cree que algo le puede hacer daño?

Seguramente si tu perro se comporta de manera especialmente miedosa o agresiva ante situaciones cotidianas del entorno lo más probable es que su concepto de cotidiano o normal difiera mucho del tuyo

Podrás hacerte una idea aproximada de la gran diferencia entre lo que tu perro considera normal y lo que tú consideras normal con los siguientes ejemplos

Suenan fuegos artificiales: tú los miras tranquilamente pero tu perro se asusta

Pasa un perro cerca vuestra: tú lo consideras normal pero tu perro ladra como un loco

¿Fácil verdad?

¿Y por qué reacciona de forma tan alarmante?

Porque seguramente crea o haya aprendido que de esa manera puede solucionar el “problema”
– Sé que si huyo ese perro no podrá acercarse a mi
– Sé qué si ladro conseguiré que esa persona no se acerque a mi
– Sé que si muerdo tendré más posibilidades de eliminar el problema

¿Es normal que se comporte de manera tan extrema ante ciertas situaciones?
Lo raro sería que un perro que asocia un estímulo como malo o peligroso no reaccionase de manera extrema cuando este se presenta…
Los mecanismos defensivos de los perros son aun más básicos/primarios que su capacidad asimilativa o de asociación, que tu perro intente agredir a una persona que pasa cerca vuestra o que tu perro intente huir cada vez que otro perro se le acerca es una conducta totalmente admisible (para el perro)

Por ello mismo y como es de esperar cuando las cosas se ponen “feas” para tu perro lo único que a él le importa es asegurar su supervivencia por consecuencia: eliminar o escapar de la situación “problemática”

¿Por qué motivo mi perro se enfada o se asusta con cosas cotidianas?

Porque seguramente haya tenido una mala asociación del estímulo en algunas de sus etapas del desarrollo emocional (cuando era cachorro)

¿Pero por qué se enfada o se asusta de cosas con las que nunca ha tenido problemas?

Precisamente por eso, porque no las asocia con nada positivo y si tu perro tiene tendencia a solucionar “problemas” huyendo o atacando seguramente las cosas que no conoce y les causan estrés serán detonantes más que razonables para sacar a la luz sus mejores sistemas defensivos

¿Tiene solución?

Para conseguir que tu perro comience a sentirse seguro en tu presencia y empiece a asociar que las situaciones cotidianas no resultan peligrosas o amenazadoras, lo primero que deberías hacer es comenzar de cero e ir presentado los estímulos a tu perro de menos a más con la ayuda de refuerzos positivos (Terapia de desensibilización sistemática)

¿Es fácil?

Lo difícil es que hayas conseguido que tu perro llegue a asociar que el timbre de la puerta significa que debe ladrar…

Para conseguir llevar a cabo una terapia de desensibilzación sistemática por tu cuenta todo dependerá de las ganas y la pericia que tengas a la hora de controlar el entorno y las respuestas de estrés de tu perro hasta que consigas un resultado aceptable…

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Una cama cómoda, bebedero, comedero, correa, collar, arnés, premios, paseos, baños con jabón, cepillado… y cientos de juguetes, son entre otras cosas, lo primero que pensamos cuando nos preguntan por las necesidades de un perro.

¿Pero… en quién estamos pensando realmente?

Necesitamos un comedero y un bebedero para que no manchen nuestro suelo, una correa y un collar para llevarlos atados y que no se escapen, un baño para que huelan bien, juguetes por que se quedan solos la mitad del día… Y todas estas cosas son interesantes e importantes, no vamos a decir que no.

Pero… parémonos a pensar … ¿Nuestro perro escogería todas estas cosas si le diésemos a elegir?, ¿realmente estamos cubriendo las necesidades “reales” de nuestro perro? O… ¿estamos pensando en nuestra comodidad?

Una de las grandes dudas que suelen surgir en los propietarios es… Le he comprado la mejor cama, estoy todo el día dándole mimos, me gasto un dineral en su comida, ¡vive como un rey!… ¿Por qué no se porta bien y me hace caso?

La respuesta es simple.

Les humanizamos constantemente. Ellos no necesitan tantas cosas materiales, sino, si más sensoriales. No necesitan que les hablemos, necesitan que sepamos interpretar su lenguaje. Por supuesto que les encanta comer pero… ¿no sería más reconfortante para su mente el poder ganarse la comida mediante el trabajo? Tu perro… ¡es un perro y necesita sentirse útil!

Una de las necesidades reales más principales para un perro es saciar su necesidad de olfatear. El olfato es su sentido más importante. Pero en cambio nuestro mundo es prácticamente visual. Y este motivo es uno de los que más desconcierta al perro. La vista les crea ansiedad, el olfato, estabilidad. ¿Por qué no aprovechamos esta habilidad natural para estabilizar sus mentes?

¿Y eso como se hace? ¡Muy sencillo! … ¡A modo de juego!

Existen cientos de juegos de olfato o juegos interactivos con los que estimular su mente y a la vez satisfacemos enteramente su necesidad de oler, de sentirse perros y crearles la sensación de sentirse útiles.

Básicamente un perro, necesita ser perro. Espera de nosotros que sepamos tratarle conforme a sus necesidades reales. Ellos no entienden que su cama te ha costado tanto dinero, o que el pienso que le compras es de los más caros del mercado. No entienden de prisas tampoco. ¡Ni siquiera nos entienden cuando les hablamos!

Ellos dan por hecho que entendemos su lenguaje. Y así debería ser para que se establezca una buena conexión y entendimiento. Pero desgraciadamente, nos olvidamos de esta otra necesidad que tienen los perros. La de ser entendidos. Entendiendo sus señales y su código de comunicación, aparte de reforzar nuestro vínculo y amistad, estaremos haciendo la vida de nuestro perro mucho más fácil, ya que podemos leer su estado emocional y anticiparnos a posibles conflictos por falta de comunicación.

La lista de necesidades reales es muy extensa, pero para resumir este artículo, debemos pensar que, un perro es un perro y esa es la única realidad. Quiero decir que, cuanto más nos pongamos en su piel y más entendamos la psicología canina, más cerca estaremos de hacer realmente feliz, estable y equilibrado a nuestro perro.

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¿Cuántas veces tienes que llamar a tu perro para que acuda a tu llamada? Si acude a la primera… ¡estas de enhorabuena!

Pero seguramente, si te ha interesado el título del artículo será porque en algunas ocasiones tienes dificultades para llamar su atención

Estarás pensando en cuántas veces has tenido que ir a por el por qué no te hacía ni caso, incluso te ha podido llegar a pasar que, al ir a cogerlo se ha vuelto a escapar… ¡Cómo nos enfurece eso!

Encima, para colmo, cuánto más nos enfadamos, más se lo toma a juego y más nos cuesta cogerlo

Y seguro que has probado de todo, y no dudamos de que la palabra “toma” entra dentro de tu repertorio

¿Te has fijado que en muchas ocasiones incluso parece que nos está tomando el pelo? Nos referimos a cuando le llamamos con prisas y tu perro se dirige a ti pero se para a olisquear el césped, como si la cosa no fuese con él.

Te sorprenderá saber el motivo…

Tu perro sólo está intentando calmarte. Tu tono de voz y tus movimientos detonan tu enfado. Tu perro sólo está intentando darte tiempo para que al llegar ya estés más relajado, por ello se pone a olisquear el suelo. Fíjate cómo actúa la próxima vez que le llames enojado y prueba a cambiar tu estado de ánimo, seguro que notas un cambio de actitud también él.

Debemos tener en cuenta que en el paseo, son muchos los estímulos que le pueden atraer y distraer su atención de ti. Es su momento. Llamarle de forma continua y estresada sin además ofrecerle nada a cambio, hará que tu llamada sea un fracaso.

Pero en cambio, si tu llamada estuviese acompañada de un tono de voz animado y siempre obtuviese un refuerzo positivo al llegar (un premio comestible, una caricia, juego, un refuerzo verbal…) ¡Tu perro siempre querrá acercarse a ti!

No caigas en el error de usar la palabra “toma” para motivarle… ¿Te fue fácil crearle la asociación positiva de la palabra “toma” verdad? Siempre que oye la palabra “toma” sabe que tienes algo bueno para él

¿Por qué no pruebas a hacer lo mismo con su nombre?

Práctica este ejercicio, sal al parque en un momento tranquilo, sin distracciones, y cuando le llames por su nombre, enséñale un premio, ¡verás que rápido acude a ti!

Es un ejercicio muy sencillo que os iniciará en esta orden tan importante como es la “llamada”.

Enseñarás a tu perro de una manera muy positiva que tu llamada siempre reporta algo bueno, de este modo, siempre tendrá curiosidad por ti.

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